sábado, 12 de octubre de 2013

'La musa de mi música, princesa', decía.

¡Qué bonito e irónico a la vez es estar bien uno de cada cinco días! Convencida de aceptar que todo el mundo merece una segunda oportunidad, la doy. Doy todo. Probablemente dentro de ese 'todo el mundo' no esté yo. Probablemente sea así. 

Escribirte día sí y día también demuestra muchas cosas. Entre ellas que llevo cerca de dos años haciéndolo. ¿Y qué cojones importa el tiempo si no tienes con quien compartirlo? Y no es que no quiera, es que no puedo. Yo comparto, a pesar de no recibir lo mismo. El tiempo y el espacio son como hermanos gemelos. Y dicen que vas echando de más lo que un día has echado de menos. Y digo dicen. Porque no he echado de más nunca. No te he echado de más. Vivo echando de menos. 'Vivo' como se puede vivir haciendo eso. 

Yo tenía entendido que después de cometer un error, se intenta arreglar aquello que ha fallado. Ya veo que sigo viviendo en otro siglo. Ya da igual si falla algo, si se jode esto o si pierdes lo otro. Aún queda gente que necesita perder cosas para saber lo que tenía. Perder más cosas de las que ya están perdidas. Es fácil ser así cuando sabes que siempre va a estar quien quieres ahí. 

Al final no voy a saber si es bueno o malo estar lejos. Si de verdad debo esperar algo. Si todo el mundo merece esa oportunidad de la que tantos hablan. Si es más fácil seguir adelante con este plan detrás. Si me tengo que creer todo lo que dicen. Si ya no se tiene que cumplir lo que prometes. Si viajar en tren tantas horas no me va a hacer perder los papeles y la cabeza cualquier día. Si dar vueltas a las cosas es bueno sabiendo que acabarás pensando en la misma solución. Si esperar no me va a hacer desesperar. Si yo me merezco pensar en ti de verdad. O simplemente, si yo merezco algo.

lunes, 26 de agosto de 2013

Sé tú por mi.

Y repetir. Repetir noches, días, tardes y siestas. Sobre todo eso. Siestas. Lo que me gustaba antes era saber que nadie lo entendía. Ahora soy yo la que no lo entiende, y perdóname, debo tener las ideas fuera de moda.


De un momento a otro lo vuelvo a entender. Un momento que dura el tiempo y el espacio que recorro para doblar la esquina y ver que estás. Bueno, ya no tengo claro si de verdad estás o son solo sueños. Últimamente sueño cosas tan reales que me superan los límites del sueño y la realidad. Tengo tantas ganas de que todo pase y me dé cuenta que es sólo un sueño. Una pesadilla. Tengo tantas ganas de ti, como tú de mi. Se respira en el ambiente cierta tensión, ya no sé si sexual. Nunca hemos sabido frenar antes de que fuera tarde y ahora no iba a ser menos, ahora es peor. Y si de algo estoy segura, por mucho que pienses lo contrario es que la distancia no divide las ganas, las multiplica. 

 

Eso hacemos, multiplicar(nos). Las circunstancias de esto no podían ser mejores, ni una pizca de aire entre tú y yo. Y de nuevo se vuelve a afirmar que las ganas estaban multiplicadas, y no solo por dos; y si no, que hablen las paredes, la mesa o la misma cama. Una suite de lujo, un bonito precipicio para caer un día tras otro. Para caer un día más, pensando si ese será el último. Al menos me consuela recordarlo viéndote dormir.


Y de vuelta sale una vocecilla de la radio que nos dice: 'Depués de terminar una relación todo se ve oscuro, pero después siempre llega algo mejor'. Y ¡joder! Parece que lo hacen a propósito. Todo encaja, y eso a nosotros no nos parece algo normal. Tenemos la espectacular suerte de que los planes salgan peor de lo contrario a lo que esperábamos, y oye, hasta yo me había acostumbrado a eso ya. Me acostumbro tarde, y ya sé que soy la chica perfecta en el momento equivocado y que no sé cómo lo hago para llegar tarde o demasiado pronto. Parece mentira, sabes que me encanta ser el jodido centro, pero de ti.


No entiendo. Lo siento. 'Te juro que no puedo más', sale de mi boca. Pero me da igual, sólo me dura un segundo.


Las estrellas fugaces se cumplen, eso lo sé desde hace unos cuantos días. Está claro. Esta(ba) claro. Hasta que volvió a pasar. Miedo. Excesos. Y ganas de correr. Muchas ganas de correr(se), y no hablo solo de mover las piernas rápido, como si alguien estuviera persiguiéndote.



Las estrellas fugaces están para pequeñas soñadoras imbéciles como una servidora. Y son eso, fugaces. Menos mal que siempre guardo un as en la manga.






lunes, 5 de agosto de 2013

Welcome eighteen.

Tan solo llevo unas horas siendo 'mayor de edad'. ¡Qué irónico! Yo, mayor de edad. A veces pienso que el tiempo pasa demasiado rápido. No me da tiempo a disfrutarlo. Pero solo a veces. El sábado, disfruté de mis últimos y primeros minutos como una enana. Una enana mayor. Lo mejor ha sido que todo esto no dependiera de mi. Que tengo suerte, aunque a veces se esconda la muy condenada. Tengo suerte de rodearme de lo peor de cada lugar, y no sabéis cómo me gusta forma parte de eso a lo que llamo 'lo peor'. Comerte una noche cualquiera no es lo mismo cuando lo haces acompañada; cuando lo haces con ellos. No tengo más palabras que un GRACIAS enorme, como vosotros. Creo, y solo creo, que esto no se puede superar. Tengo todo lo que quiero; bueno, relativamente.


Los diecisiete tienen pocos momentos verdaderamente importantes. Han sido jodidos, ¿para qué nos vamos a engañar? De estos espero lo mejor, y si no es posible, al menos lo menos malo posible. Y también te espero a ti.

Dos opciones.

'Que las pequeñas cosas no te engañen, son pequeñas pero no sencillas. Tienen trampa. Y es que esas pequeñas cosas no sirven de nada si no las compartes con alguien a quien quieres. Porque solo cuando las compartes, las pequeñas cosas pasan a convertirse en auténticas joyas. 

 

Las joyas de verdad no están en los museos ni en las cajas fuertes. Las joyas de verdad no brillan ni deslumbran. Las auténticas joyas no son las que te hacen más rico, son las que te hacen sonreír. 

 

Yo no me considero un tipo codicioso, no necesito muchas joyas. Me conformo con volver a sentirme vivo . Quiero volver a sentir que alguien se preocupa por mi. Quiero volver a sentir que hay alguien de quién me quiero preocupar. La felicidad es un arma de doble filo. No hay nada mejor cuando la tienes, pero si la pierdes, te quedas hecho polvo. Porque al final del día te das cuenta de que lo importante, seas un capullo o un iluminado, es que tienes dos opciones y hay que elegir. Puedes elegir la opción fácil: dejarte caer y hundirte; o puedes elegir la opción difícil: seguir buscando. Y entonces si tienes un poco de suerte, una de esas joyas pasará por delante para darte el valor necesario y volver a la superficie.'


                                                                                    Frágiles.

martes, 25 de junio de 2013

Good luck.

Me cuesta ponerme sentimental y todas esas mierdas que no me pegan nada, pero ¿en serio queda gente que necesita perder algo para saber que lo tenía? No me puedo creer que en este mundo aún quede gente así. ¿Qué pasa? ¿No han aprendido lo suficiente para darse cuenta de la importancia que tienen las cosas? ¿O tal vez ni siquiera saben que las cosas tienen importancia?

 

Esto no es demasiado relevante cuando se habla de eso, de cosas. Pero, ¿y cuándo lo hacemos de personas? Solo aparecen los típicos: 'era una buena persona', 'siempre se van los mejores'. ¿Solo es una buena persona cuando se va? ¿Qué pasa? ¿Acaso los mejores no les tenemos al lado día a día y no se lo recordamos? Pues señoras y señores bienvenidos al fantástico mundo de la hipocresía, del hijoputismo. Bienvenidos a un mundo de mierda en el que no te conocen por lo que eres ahora, te conocerán cuando  no estés por lo que has sido. En el momento aquel en el que te vas, es cuando te valoran. Tal vez no les es suficiente una vida entera para hacerlo, o a lo mejor, llegan tarde a todos lados incluso a darle las gracias y decirle que es el/la mejor antes de que sea tarde.


Afortunadamente yo conservo esa virtud. La virtud que te hace valorar lo que tienes ahora, en este mismo instante. Y hoy, veinticinco de junio, te doy las gracias y te digo que eres la mejor. Te quiero mamá.



lunes, 24 de junio de 2013

Pequeña de las dudas infinitas.

No hace falta echar la vista atrás más de un año. No hace falta. ¿Dónde está todo? ¡Qué preguntas!


Nadie sabe lo que es echar de menos si realmente no se ha visto en la situación de tener a las personas importantes lejos de ti. A kilómetros. Unos simples kilómetros que se convierten en el problema más jodido de todos. Ese problema por el que se mueve el mundo. Ese problema que puede terminar con todo. No es un problema cualquiera, es 'el problema'.


¿Dónde está el cóctel molotov en el que nos convertíamos? ¿Y la revolución que eramos? Pocas preguntas. Demasiado difíciles contestarlas. Por más que lo intento no sé comenzar con verbos en presente. *Éramos, ¿Qué cosas, no? Nosotros éramos. Y no sabes cómo éramos, lo que éramos. ¿Cómo puede cambiar tanto el aspecto de un verbo con tan solo cambiarlo de tiempo? ¿Por qué nos gustaba tanto ser juntos, en presente? ¿Por qué tan poco serlo por separado, en pasado?

 

Entonces, en tu cabeza suena 'Niebla', y afirmas todo. Piensas en lo mejor, y es ahí cuando te das cuenta de que si algún día no está echarás de menos su caminar, su despertar, su forma de hablar, su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz. Porque echar de menos no se basa en una persona. Echar de menos es algo así como una mezcla de todo lo bueno y lo malo que nos rodea. Lo más insignificante, es el recuerdo más bonito. Lo más insignificante, es aquello que terminas echando de menos. Detalles. Suerte que tengo de no saber echar de menos. Lo dicho, detalles. Las sonrisas que ya no están, las lágrimas que ya no las seca nadie, los guiños de ojo que ahora te hace cualquier gañán que quiera sacar algo de ti, los abrazos que te hacían ser fuerte, las cosquillas que te hacían reír toda la tarde, las miradas de complicidad, los besos compartidos, dos manos apretándose fuerte con un mensaje 'voy a estar a tu lado pase lo que pase', los lugares prohibidos, las noches, días y tardes efímeras en compañía. Espera, ¿esto no es echar de menos?


Una joven de diecisiete años echando de menos, ¿que ironía, no? Pero es que después de un mal invierno, le ha seguido una peor primavera. ¿Y el verano? Si fuera creyente rezaría para que mejorara al menos un poco respecto a los dos anteriores, pero no. El problema no es ese. El problema es saber que no va a ir nada bien si no te rodeas de aquellos apoyos que hacían que todo diera un giro de 180º. Triste, sí. Pero cierto.


¿Promesas? No me hagas reír. Eso no existe sino van seguidas de hechos. De hechos que nunca se cumplen. Es así. Ahora te cuesta sudor y lágrimas encontrar a alguien de verdad. Alguien que haga de esas promesas, hechos.


Cuando te fallan los muros más importantes, todo se viene abajo. Algo así pasa. Algo parecido a una 'crisis emocional'. Me quejo de vicio. Pero éste también me mata. Y aquí estoy. En la noche de San Juan con la luna más grande y bonita de todo el año, y yo echando de menos. No hay nadie con la que compartirla. Bueno sí que lo hay, y eso es lo peor. Algún día volveremos a brillar en toda la inmensidad, como dos cometas, cariño.


Cada día se aprende algo nuevo. Yo, hoy, he aprendido a echar de menos de verdad.