miércoles, 2 de abril de 2014

Perdiendo el tiempo a la vez que acabamos perdiéndo(nos).

'La primera vez que me metí en esta cama no pensé en que al día siguiente me levantaría a las 7, ni en qué aula serían las clases ni en el puto horario que no había mirado, ni en los malditos profesores, ni en que tendría que pararme a saludar a mucha gente que me aburre, ni en las miradas de las zorras que me odian, porque un chico hace mucho tiempo me prefirió a mí, y por las que cambié de ciudad, ni en las notas de los exámenes de septiembre que estaban a punto de salir. No. Sólo pensé que en semanas, como mucho un mes, él estaría aquí, y en el libro que le escribiría viéndole dormir, y en los desayunos, en el café que se quemaría, en todas esas películas que pondría mientras yo le eclipsaba la pantalla y en los paseos para justificar con fotos que se pudieran subir a algún sitio, su visita. Pero no. Ya me queda poco en esta cama. Y ya no pienso en nadie.' Felina_ana

La primera vez que me metía en esta cama pensé que sería la última noche que dormiría sola y que pasaría frío, que combatiríamos el frío de Burgos sin mantas; que me ibas a esperar a la puerta cuando saliera de clase, y que las 7 de la mañana no fueran las 7 si me despertaba contigo; que los profesores me importarían lo mismo que lo que pasara fuera de nuestra cama, que no tendríamos tiempo de saludar a nadie, ni tan si quiera de salir a la calle porque nos quedan muchas deudas pendientes en la cama; que las zorras que me odian, lo hagan más solo con cruzarse con uno de nuestros besos. Sí. Que tendríamos la oportunidad, la segunda, tercera, o cuarta, ya ni sé por donde vamos, de intentarlo de nuevo; de ponerle ganas y comérnoslas cada noche y en cada desayuno. Que entrar a la cocina sería declararnos la guerra, el sofá nuestra tregua y la cama la victoria; empezaríamos mil y una películas, como hasta ahora hemos hecho, para terminarlas nosotros; y sacarnos millones de fotos solo para que, cuando decidas abandonar como un cobarde, al menos yo, recuerde que en algún momento hemos sido felices. Que en algún momento, he sido feliz. Pero ahora solo quiero irme de aquí y no recordar que alguna vez me dormí esperando despertarme con un mordisco de 'buenos días'.

domingo, 9 de febrero de 2014

Aún recuerdo esa canción, de los dos. Éramos dos, era un volcán.

¿Alguien capaz de salvarme? ¿Capaz de sacarme de toda la mierda en la que me he metido? ¿De verdad? No. Nadie. ¿Acaso es fácil decir que estás bien? ¿Es fácil sonreír a estas alturas? ¿De verdad? No. Nunca.

Cuando te dan a elegir entre final o feliz, te planteas todo. Sólo una opción. Sólo una. Una. Demasiado poco para ti, ¿no? Me acojona reconocer cosas como esta. Pero reconozco, afirmo y desmiento. No soy capaz. No lo soy. No. Y tú mejor que nadie deberías saberlo. Qué cerca estuve de llevarlo bien.  Hace rato que no sé lo que es avanzar. Hace tiempo que estoy sola. Hace una eternidad que busco a alguien lo suficientemente inteligente que sepa regalarme una sonrisa sin esperar nada más. Una persona que sepa encontrarme a mí. Hace meses que te busco a ti. Pero no encuentro nada, como me pasa con todo. Soy un peso, en lugar de un regalo, y además, vengo con paquete, la mala suerte enganchada en cada milímetro de mi piel. ¿Quién quiere alguien así? ¿Quién quiere algo así?

Decidir si seguir o parar, cuando sólo depende de ti la respuesta no es malo. No sería malo si apostaras por ti. Por mí. Cuando la cuesta es una recta llena de monotonía, malas contestaciones y sueños sin cumplir, llega a ser peor que el propio Everest. Y créeme que he pensado en abandonar más de una vez, a ti te da igual y a mí no me importa. Perdóname. Si hubiera alguien cerca dispuesto a. Pero pierdo todo. Pierdo siempre. No todos podemos tener algo que cuidar. Algunos lo pierden por el frío. Otros por serlo.

Es más fácil acabar con todo cuando no eres nada. Cuando no eres nadie. 

Y escribir sigue siendo la forma más sencilla de huir, aunque no la única.






lunes, 13 de enero de 2014

Me conformo con bailar un rato con la felicidad.

Suficiente tiempo ha pasado ya. ¿Es necesario escribir en un día como hoy?


Llevo tiempo intentando pensar como comenzar con todo esto. Sé cómo y por qué empezó, pero todavía no me queda claro el cuándo. Y créeme que me muero por saberlo.


Setecientos días ¡vaya, qué número más pequeño cuando se habla de tiempo! Y más aún cuando ese tiempo está poco invertido en mi. ¿Sabes lo primero que se me viene a la cabeza? Hoy. Dos años atrás. Es increíble como funciona la mente humana seleccionando lo que quiere recordar y lo que no, y es que ahora mismo estaría dispuesta a describirte todo el tiempo compartido. En mi diario. Que ya no nuestro.

Todo lo que pensamos que no llegará  más allá de una noche, cuatro besos y dos sonrisas, llega más allá. Y tan allá. Mentiría si dijera que hay mucha diferencia entre el primero y el último, pero es que mi objetivo sigue siendo el mismo.Yo sólo quiero verte reír. Menuda estúpida. Las fuerzas no están niveladas. Es fácil sobrevivir cuando sabes que nadie te deja caer, pero aún es más fácil sabiendo que cuando estés en el fondo alguien bajará, y no a por ti, si no a quedarse contigo. Y que, cuando encontréis los cojones suficientes subiréis a la superficie. Pero para entonces yo no estaré. Yo no quiero estar.

Subir. Bajar. Subir. Bajar. Subir. ¿Y ahora? ¿Toca bajar de nuevo? Si me permites, deberíamos seguir subiendo porque en una de estas nos salimos del mapa. Y yo sería más feliz. Y el mundo sería menos triste. Y tú.

Y es que echar de menos es solo una virtud que nos queda a unas cuantas personas. Hablo de echar de menos de verdad. Cuando esto se extinga, nos llevaremos las manos a la cabeza. Nos preguntaremos el por qué. Y es ahí, entonces, cuando te enseñaré todo lo que has perdido en el camino. Si es que aún te interesa.

Pero mientras todo esto ocurra, y el fin del mundo se aproxime, procuraré que nos pille bailando, follando, riendo o cantando. Cualquier cosa que te haga reír, y que yo esté para verlo.

Yo ya no sé que contarte que no te haya contado ya. Ya no sé que besarte, que no te haya besado ya. Olvidarnos del tiempo perdido. Despertarme y ver que aún estás. Y entre todos los deseos que me quedan por cumplir, está el de verte dormir mientras suena esa canción. ¿Cómo era? 'Tantas risas esparcidas por ahí. Sales en todas al principio y en el fin.' Verte dormir, oírte respirar, sentirte a mi lado. Como esa primera vez. ¡Qué lejos suena y qué bonito! 

Y dicen que una persona es importante si en su paso por tu vida te ha dado tiempo a ponerle un grupo, una banda sonora. Tenemos grupo, y la banda sonora corre a cargo de de las cosquillas que nos quedan por reír. ¿Te das cuenta? Ya no suenas triste.

Sé que no escribo para nadie. No escribo para ti. Sigues sin enterarte de lo que pasa a tu alrededor. De que paso. Y ojalá alguien te lo enseñe. De verdad. Pero sé también que necesito escribirle a alguien toda la felicidad que siento al seguir a tu lado. Y no por nada especial, como lo era antes. Es que sigues consiguiendo todo lo que te propones conmigo, y sin mi. Soy suficientemente lista y me conozco tan poco, que si alguien consigue la mitad que tú, será en otra vida y cuando me reencarne en gata. Y tú, en gato.

¿Algo mejor que tú para celebrarlo? 





















Porque aunque no quieras escucharlo, sigue picando recordarte.


lunes, 2 de diciembre de 2013

Y aquí termina-empieza diciembre.

Hoy, tengo entendido, que ha llegado la hora de irme. Y esta vez tiene toda la pinta de ser la definitiva. No sé si cuando vuelva será a ti a quien escriba, o tenga la no-suerte de encontrar a alguien capaz de lograr la mitad que has conseguido tú de mi y que me deje cerrar los ojos para imaginarte.


O tal vez, ójala vuelva para contar que estamos juntos. No entiendo por qué no has acabado con toda la esperanza que se queda aquí para hacerme más difícil la subida.


De todas formas, seré 'esa' que no aparecerá en tu vida mientras te vea sonreír. Si eres feliz con lo que tienes sin contar conmigo, debería seguir tu ejemplo. No tengo ni puta idea si salir corriendo será lo mejor para salvarme, para escapar de todo esto. Porque ahogarme contigo es seguir salvándome a  mi misma. Pero tranquilo, entiendo que no sea nada del otro mundo aunque conmigo hayas viajado a otro mundo.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Para tus 'quien quiera peces que se moje el culo'.

'Hemos dejado de mojarnos el culo por las cosas que hacen que la vida de una persona sea extraordinaria. Y son precisamente esas cosas las que nos hacen un poco inmortales: las que se quedan cuando nosotros nos hemos ido.


Mi pregunta es, ¿Cuál es vuestro pez? ¿Por qué hacéis las cosas? ¿Estáis haciendo todo lo que podéis? ¿Hace cuánto que no hacéis algo simplemente porque os da la gana? ¿Cuándo fue la última vez que hicisteis algo que os movió por dentro? Si desaparecieseis mañana, ¿por qué os recordarían? Espero equivocarme, pero es probable que recordéis mejor la última vez que os quejasteis por algo.


Os voy a pedir un favor: No os conforméis, nunca os acomodéis. Nunca deis algo por suficientemente bueno, porque entonces dejará de serlo. Siempre hay algo más allá de donde acaba nuestra nariz.'


Peces más bonitos y con más memoria he visto.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Muy cerca de tus pasos, para que no te caigas.

'Nos empeñamos en buscar la felicidad sin saber que es ella la que nos tiene que encontrar a nosotros', mentira y gorda. Nadie que no la tenga al lado puede ser feliz. Sí, hablo de ti, amiga. Pocas personas pueden usar ese nombre. Yo tengo la suerte, necesidad y alivio de poder hacerlo. Amiga. 







Que tengamos el récord del mundo en querernos, dice poco de nosotras, cualquiera puede hacerlo ¿no? Somos esas que planean y planean para luego hacer todo lo contrario; las que hacen listas de películas para no ver ninguna; las que compran ropa que nunca se ponen; las que prefieren una buena siesta en lugar de un día de piscina; esas que ignoran las opiniones de la gente; las que se encargan de comprar cada mínimo detalle para salir haciendo el carnaval cualquier día a cualquier hora; las que saben que ir andando a algún lugar con una botella de la mano tiene como consecuencia acabar borrachas en mitad del camino. Las mismas que hacen lo imposible por pasar el mayor tiempo posible juntas; las que se escriben cartas contando los años y las andadas que llevamos ya; a las que las encanta que 'no haya nada' como excusa para salir de fiesta y llegar a casa después de almorzar; las deportistas que planean levantarse pronto para salir a no-correr. Ellas, que tienen que salir vestidas iguales; ellas que se apoyan en las decisiones más idiotas porque saben que luego van a estar allí para tapar esas pequeñas cicatrices; las que lloran por echarse de menos, las que lo hacen de alegría por tenerla al lado; a las que los cumpleaños solo las importan para verse sonreír mutuamente. Aquellas que hacen todo lo no-moral, y, ¿sabéis qué? Por eso mismo son felices juntas, por eso mismo esa pequeña niña me hace tan feliz a mi. 


Pequeña, pero enorme. 





La próxima copa va por ti, por nosotras, María, por los abrazos que hablan, los momentos que marcan la vida, la calma. Y no dudes nunca que yo estaré muy cerca de tus pasos para que no te caigas, muy cerca y muy callada y así me vas contando. La próxima copa la tomamos juntas, como todo, como siempre.













Que juntas es posible.

Que juntas llegará.

domingo, 17 de noviembre de 2013

A la hora de siempre, en el sitio de siempre.

¡Joder! Y qué bonito era cuando venías diez minutos antes de la hora acordada porque: 'no podías aguantar más'. Los nervios de las primeras veces o los pequeños detalles que me cambiaron tanto. Me cambiaron digo, porque a ti te estropearon. Me arrepiento, sí, de pegarte toda aquella mierda en la que estaba metida. Con lo que podrías llegar a ser. Con lo que nos podríamos haber dado.

¿Y ahora? La pregunta de siempre, a las horas de siempre. Ahora solo salen las palabras para hundirnos un poco más. Y digo más, porque suficiente ahogados estábamos ya. Que te quiera no significa que no hayas cambiado, y no,  no me preguntes el por qué, porque si lo supiera hace ya tiempo que había desaparecido de tu vida, desaparecido de la única forma que puedo: ninguna. 

Supongo que tampoco puedo pedir que te replantees todo esto, ya no te puedo pedir nada. Fallos cometemos todos, y yo más que nadie, pero no a todos se nos da bien reprocharle, si a quien se lo dices es tu debilidad. En todos los sentidos. Por mucho que me odies, no me quieras, no te guste, sea poco o diferente. Diferente. Como todo. Como siempre. ¡Qué contradicción! Ya no tengo que gastar tiempo en valorar el que tú perdías por entenderme a mi. Porque ya no lo haces. Me limito a esperar a que el día menos pensado te atrevas a verme, a quedar, a querer entenderme durante 5 minutos, aunque aquellos nervios lleven desaparecidos tanto tiempo como tú. ¡Cómo cambia el cuento cuando deja de existir el lobo para dar paso a las lobas! Y es que yo siempre he sido más de ronroneos y caricias en las espalda.

Y tú conmigo, no te engañes.